Avistamiento responsable: observar sin alterar la vida marina
Ya sea que el avistamiento se dé de manera casual o que se participe en un tour especializado en la observación de especies marinas, las recomendaciones para una interacción segura y responsable son las mismas: no tocar, no alimentar y no acechar a la especie.
Estas recomendaciones no solo responden a principios éticos sobre la interacción responsable con las especies marinas. Algunas de estas conductas también están reguladas por leyes federales y estatales que todo operador turístico debe conocer para evitar que tanto su personal como sus clientes incurran en prácticas que puedan afectar a la fauna y flora marina de Puerto Rico.
Discover Puerto Rico conversó con el director científico del Estuario de la Bahía de San Juan, el doctor Jorge Bauzá, para conocer las recomendaciones que debe seguir toda persona que interactúe con especies marinas, así como las consideraciones legales que deben tener presentes quienes ofrecen experiencias de avistamiento.
Observar sin intervenir
El doctor Bauzá destacó que la observación de vida silvestre puede convertirse en una experiencia educativa sin necesidad de intervenir con la especie. La recomendación del científico es mantener la distancia y evitar cualquier conducta que pueda alterar el comportamiento natural del animal, como perseguirlo, tocarlo, provocarlo o alimentarlo para atraerlo y facilitar su observación o lograr una fotografía.
En el caso de los mamíferos marinos, estas recomendaciones tienen además un componente legal. La Ley Federal de Protección de Mamíferos Marinos (Marine Mammal Protection Act) protege a especies como delfines, ballenas y manatíes y prohíbe, entre otras conductas, alimentarlos o acosarlos en estado silvestre.
La ley define el acoso como acciones que pueden causar daño o alterar patrones naturales de comportamiento, como la migración, alimentación, reproducción, crianza o descanso.
Por ello, un encuentro casual con un animal no significa que el visitante deba abandonar inmediatamente el área. Si una especie se acerca por iniciativa propia, la recomendación es observarla sin intervenir, tocarla, alimentarla o intentar provocar una reacción.
“Si estás en la laguna de Condado, por ejemplo, y se te acerca un manatí, no tienes que abandonar el área. Puedes observarlo, eso no está prohibido por ley. Lo prohibido es acecharlo, tocarlo, alimentarlo o provocarlo”, recalcó el doctor Bauzá.
No todas las especies tienen una temporada de avistamiento
En Puerto Rico, las condiciones del mar y del tiempo son algunos de los factores que determinan las posibilidades de observar especies marinas durante actividades como el buceo recreativo. El doctor Bauzá explicó que no existe una temporada específica para observar la mayoría de los peces e invertebrados que habitan los arrecifes de coral.
No obstante, la excepción más clara es la ballena jorobada, cuya ruta migratoria la pone frente a las costas de Puerto Rico, entre enero y marzo.
En el caso de las tortugas marinas, los periodos de anidación también permiten identificar temporadas particulares de observación. El tinglar, por ejemplo, llega a las costas para anidar entre marzo y julio.
En el buceo recreativo, sin embargo, la experiencia puede variar incluso de un día a otro. Las condiciones del mar determinan la viabilidad de la actividad y la cantidad y variedad de las especies que pueden observarse.
Tanto el tour operador como el visitante tienen responsabilidad
Para quienes ofrecen excursiones de buceo, avistamiento de delfines, ballenas u otras especies, la responsabilidad comienza antes de llevar al visitante al agua.
El doctor Bauzá recomendó a los operadores informarse sobre las especies que pueden encontrar y las prácticas adecuadas para cada experiencia. También aconsejó a los visitantes investigar quién ofrece el servicio y cómo se desarrolla la actividad.
Una señal de alerta es que el operador garantice el avistamiento mediante prácticas que impliquen alimentar, atraer o alterar el comportamiento de los animales.
“Si te dicen que llevan comida o que le hacen ruido para garantizarte que los vas a ver, ese tipo de operador no se puede patrocinar”, indicó.
Por el contrario, una expectativa realista como advertir al cliente que existe la posibilidad de que no se observe la especie, es una señal de que la experiencia se desarrolla sin intervenir con el comportamiento natural del animal.
El caso de los tiburones
Entre tanto, una actividad que requiere especial atención actualmente es el de las excursiones para observar tiburones.
El científico explicó que en Puerto Rico existen experiencias de este tipo, particularmente con tiburones gata, pero señaló que la alimentación de estas especies para atraerlas puede alterar su comportamiento natural y representar riesgos tanto para los animales como para las personas.
El doctor Bauzá destacó que, a diferencia de los mamíferos marinos, la situación legal relacionada específicamente con la alimentación de tiburones no está definida de la misma manera en Puerto Rico. Por ello, mientras continúan las discusiones y propuestas relacionadas con esta práctica, la recomendación desde el punto de vista de conservación y seguridad sigue siendo no alimentar a las especies silvestres para atraerlas.
El objetivo no es evitar el encuentro con la vida marina, sino garantizar que esa interacción pueda disfrutarse sin alterar el comportamiento natural de las especies. Observar y mantener la distancia son las principales recomendaciones para convertir un encuentro con la vida marina de Puerto Rico en una experiencia memorable y responsable.