Detrás de cada gran cóctel hay una historia, y para el mixólogo puertorriqueño Giovanni Budet, la suya está impregnada de pasión, identidad y amor por la simplicidad. Desde sus inicios preparando tragos en los Kioskos de Luquillo hasta trabajar detrás de la barra en Antiguo 26, en el Viejo San Juan, durante el Boricua Twist: Cocktail Challenge, su trayectoria gira en torno a crear experiencias significativas, brindar un servicio meticuloso y honrar la esencia de Puerto Rico en cada creación. Para Giovanni, la mixología es un arte personal, moldeado por los sabores locales, las personas a quienes sirve y los recuerdos que mezcla en cada copa.
El mixólogo Giovanni Budet frente a Antiguo 26, una antigua fábrica de sodas convertida en destino de cócteles en el Viejo San Juan.
Creando más que cócteles
Con apenas 18 años, Giovanni comenzó a trabajar en un bar de playa en los Kioskos de Luquillo, sin imaginar que allí iniciaría una dinámica carrera en la coctelería. Nacido en la capital, San Juan, y criado en Canóvanas, atribuye a la costa este de la Isla la formación de su identidad y estilo, donde, según sus palabras, “la simplicidad no significa falta de complejidad; a veces, menos es más”. Su trayectoria lo llevó de San Juan a Estados Unidos, incluyendo una etapa como director creativo en Dallas, antes de regresar a Puerto Rico con una visión refinada de la mixología, construida no solo sobre sabores, sino también sobre la creación de recuerdos inolvidables para sus invitados.
Para Giovanni, ser mixólogo va mucho más allá de seguir recetas. Es una mezcla de química y dominio de sabores, pero, sobre todo, se trata de ofrecer una experiencia completa. En Antiguo 26, en el Viejo San Juan, donde lidera un equipo apasionado, esa filosofía cobra vida. El bar se siente como un portal a principios del siglo XX, fusionando el encanto antiguo con energía moderna y un servicio personalizado que transporta a los visitantes a otra época mientras los mantiene plenamente conectados con el momento presente.
La coctelería en acción en Antiguo 26.
Un reto por primera vez para demostrar su arte
La competencia no suele ser el terreno de este mixólogo, pero el Boricua Twist: Cocktail Challenge lo sacó de su zona de confort. “Le pedí al universo más disciplina, y me respondió con este reto”, comenta. Su propuesta fue una reinterpretación del Daisy de Santiago, el clásico cóctel cubano de cítricos, destilado, endulzante y soda. Al sustituir el Chartreuse por Génépy, logró un perfil más suave y herbal. “Quería honrar la tradición, pero también crear algo que cualquiera pudiera recrear”. El resultado fue Flor del Caribe, un cóctel que combina Ron del Barrilito con guanábana —un ingrediente que sintió afortunado de recibir al abrir la caja sorpresa— y se corona con un vibrante siphon fizz como homenaje al pasado de fábrica de refrescos de Antiguo 26.
Viaja en el tiempo en Antiguo 26, donde el encanto vintage se encuentra con la mixología moderna en el corazón del Viejo San Juan.
Encontrando inspiración en cada rincón de Puerto Rico
Para Giovanni, la inspiración puede surgir de cualquier lugar: una caminata por la calle, un recuerdo fugaz o incluso un aroma. La creatividad, cree él, no puede forzarse; tiene que fluir de manera natural. Esa filosofía se refleja en sus cócteles, cada uno inspirado en experiencias vividas y emociones.¿Sus ingredientes locales favoritos? La acerola y el jobo, frutas que creció comiendo y que aportan las notas ácidas y vibrantes que tanto disfruta. Aunque valora el balance en una bebida, asegura que todo comienza por conocer bien los ingredientes. “No tienes que complicarlo demasiado. Respeta el sabor y construye a partir de ahí.”
Cuando habla de la mixología puertorriqueña, Giovanni asegura que la magia de la Isla no está solo en los tragos, sino también en el servicio, la educación y el orgullo que hay detrás de cada preparación. Algún día espera abrir su propio bar, un espacio definido tanto por el sentido de pertenencia como por la calidad de sus cócteles. “Un bar no es nada sin un equipo sólido, porque los clientes regresan por cómo los hiciste sentir.” Por eso, afirma, los boricuas brillan dondequiera que van: la mayor fortaleza de la Isla es su gente.
¿Su recomendación para saborear Puerto Rico en una copa? Un verdadero daiquiri hecho con ron puertorriqueño: simple, vibrante y lleno del espíritu de la Isla. Para quienes prefieren evitar el alcohol, ofrece una alternativa divertida: sorbeto de parcha de vendedores locales, coronado con soda. “Es dulce y refrescante, y puedes prepararlo en la playa.”